La Costerita: una autopista que la ciudad convirtió en vialidad urbana

La Costerita, como se conoce localmente a esta vialidad, forma parte de la
autopista Licenciado Benito Juárez, una carretera estatal de peaje que funciona
como ruta alterna a la carretera federal México 15. Su recorrido conecta distintos
puntos del estado y facilita el tránsito hacia los valles agrícolas del norte de
Sinaloa.
Sin embargo, con el crecimiento de Culiacán, La Costerita ha adquirido una
función adicional. Durante años se ha visto como una especie de anillo periférico
que permite conectar el oriente y el poniente de la ciudad en menor tiempo.
Pero, al mismo tiempo que “facilita” los recorridos de largo trayecto, se ha convertido en una vía utilizada diariamente por personas que entran y salen de los fraccionamientos, se desplazan a sus trabajos, escuelas, recreación, movilidad de cuidado, o que simplemente realizan sus actividades cotidianas.
Así, una carretera concebida para facilitar el tránsito vehicular también tiene que
responder a las necesidades de una ciudad que crece a su alrededor. En ella conviven vehículos de carga, automóviles particulares, motocicletas, ciclistas y
peatones, es decir, todo el universo de los usuarios de la vía. Igual que en
cualquier otra calle del centro de la ciudad.
Cuando una misma vialidad combina funciones de carretera y de conexión urbana, con vehículos que circulan a distintas velocidades y usuarios con diferentes necesidades de movilidad, la siniestralidad vial se convierte en una preocupación inevitable. La convivencia entre el tránsito de largo recorrido, los desplazamientos cotidianos y los accesos a zonas habitacionales genera múltiples puntos de interacción que deben resolverse de manera segura.
En La Costerita, esta problemática se refleja en los registros de 22 personas
fallecidas. De ellas, la mitad eran motociclistas, peatones o ciclistas, usuarios que
cuentan con menor protección física ante un impacto.
Además, los registros se concentran principalmente en Punta Azul, Barrancos y Villa Bonita, sectores que reúnen poco más del 77 % de las víctimas analizadas. Estas cifras evidencian la necesidad de revisar las condiciones de circulación, las velocidades, los accesos y los puntos de interacción entre vehículos y personas, para identificar qué cambios en la infraestructura y en la operación de la vialidad podrían prevenir siniestros y reducir la gravedad de sus consecuencias.
¿Qué podemos hacer para que La Costerita sea más segura?
La respuesta no consiste necesariamente en convertir toda la carretera en una
calle urbana, ni en asumir que una sola medida resolverá el problema. Se necesita identificar las características de cada tramo y determinar qué soluciones son adecuadas para su función actual.
La NOM-004-SEDATU-2023, relacionada con la estructura y el diseño de las vías
urbanas, ofrece criterios de referencia para revisar aspectos como la velocidad de
circulación, el diseño de intersecciones, la señalización y la protección de las
personas usuarias. Su aplicación concreta debe analizarse según la clasificación y las características de cada tramo, sin asumir que regula por sí sola la totalidad del corredor.
A partir de los datos disponibles, hay tres acciones fundamentales: revisar prioritariamente los sectores de Punta Azul, Barrancos y Villa Bonita; estudiar las condiciones físicas y operativas que podrían contribuir a la gravedad de los siniestros; y coordinar a las instituciones responsables para definir medidas, responsables y plazos de seguimiento.
El objetivo no debe limitarse a reducir el número de siniestros. También es
indispensable evitar que los errores humanos, inevitables en cualquier sistema de
movilidad, terminen en muertes o lesiones graves.
Una carretera que necesita responder a la ciudad de hoy.
La Costerita cumple una función importante para la movilidad de Culiacán y la
conexión regional de Sinaloa. Precisamente por eso, su seguridad merece una
revisión que considere tanto su propósito original como las necesidades que han
surgido con el crecimiento urbano.
Los 22 registros de víctimas fatales analizados, la concentración de más del 77 %
en tres sectores y la presencia de peatones, ciclistas y motociclistas entre las
personas fallecidas constituyen señales suficientes para justificar una revisión
prioritaria del corredor.
Estos datos no permiten afirmar que una sola característica de la infraestructura
haya causado los siniestros. Sí permiten identificar dónde es necesario investigar con mayor profundidad y qué aspectos de la seguridad vial deben considerarse.
La pregunta, entonces, no es solamente cómo podemos conseguir que las personas conduzcan con mayor precaución. También debemos preguntarnos qué condiciones podemos generar para que, incluso cuando alguien cometa un error,
ese error no le cueste la vida.
La Costerita cambió junto con Culiacán. El siguiente paso es revisar si la forma en que está diseñada y opera responde a la ciudad que tenemos hoy.
