En la ciudad, todas las personas tenemos derecho a movernos de forma cómoda y segura, sin importar el medio de transporte que elijamos. Caminar, usar la bicicleta, el transporte público o el automóvil debería ser una experiencia digna y segura para todas y todos.
Para lograrlo, es fundamental contar con infraestructura adecuada como banquetas accesibles, ciclovías, cruces seguros y calles bien diseñadas. Sin embargo, más allá del diseño urbano, existen acciones cotidianas que, como personas usuarias de la calle, podemos adoptar para mejorar la experiencia de movilidad de quienes nos rodean.
Un ejemplo muy claro ocurre cuando una persona ciclista circula por una calle que no cuenta con ciclovía. Aunque la ley reconoce el derecho de las y los ciclistas a utilizar el carril derecho completo, en la práctica esto resulta complicado, especialmente en vialidades principales, debido a la diferencia de velocidades entre bicicletas y automóviles. En estos casos, al rebasar a una persona ciclista, es indispensable respetar el metro y medio de distancia establecido, ya que no hacerlo puede provocar caídas o siniestros viales graves.

Otra acción sencilla, pero de gran impacto, es prevenir el llamado “portazo”. Esto sucede cuando una persona abre la puerta de su automóvil sin verificar si se aproxima un ciclista. Muchas veces, las y los ciclistas se ven obligados a circular muy cerca del costado derecho del carril debido al comportamiento de otros conductores, lo que incrementa el riesgo. Mirar por el retrovisor antes de descender del vehículo puede evitar lesiones graves y salvar vidas.
También es importante dar preferencia de paso a las personas ciclistas en intersecciones. Esto no solo ayuda a mantenerlas visibles y seguras en los puntos más críticos de la ciudad, sino que además permite que su trayecto sea continuo. A diferencia del automóvil, detenerse y volver a arrancar en bicicleta implica un mayor esfuerzo físico, ya que depende de la energía de la propia persona. Dar esa pequeña ventaja contribuye a traslados más seguros y eficientes.
Compartir la calle es un ejercicio de respeto y empatía. Pequeñas acciones pueden marcar una gran diferencia en la experiencia de movilidad de quienes eligen la bicicleta. Construir una ciudad más segura no depende únicamente de la infraestructura, sino también de cómo decidimos convivir en el espacio público.

