8 de septiembre de 2026

¿La ciudad se adapta a las personas o las personas a la ciudad?

¿La ciudad se adapta a las personas o las personas a la ciudad?

Cruzar una avenida no representa el mismo reto para todas las personas. Una persona joven y con movilidad plena puede cruzar rápidamente; en cambio, una persona mayor puede necesitar más tiempo. Para una persona con discapacidad motriz, una superficie irregular, una pendiente pronunciada o un obstáculo pueden convertir un trayecto cotidiano en una barrera.

Una persona con discapacidad visual, por su parte, depende de referencias táctiles y auditivas para orientarse y saber dónde termina la banqueta y comienza la calle, así como cuándo es seguro cruzar.

El problema, entonces, no es solamente poder cruzar, sino poder hacerlo de manera segura, accesible y autónoma.

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El tiempo de cruce importa.

¿Alguna vez te has preguntado si un semáforo está programado pensando en personas con distintas velocidades de desplazamiento? Además de los pocos semáforos peatonales que existen en las ciudades, en nuestro caso Culiacán, muchos de los tiempos destinados al cruce no son suficientes para que una persona mayor, una persona con discapacidad o alguien con movilidad reducida pueda llegar al otro lado con tranquilidad. Tener que correr para alcanzar la otra banqueta es una señal de que el diseño quizá no está considerando a todas las personas.

En estos casos, tan comunes en nuestras ciudades, la distancia también puede convertirse en una barrera. Las calles o avenidas con muchos carriles implican mayores distancias de exposición y, por lo tanto, más tiempo dentro de la zona de conflicto con los vehículos.

Mientras mayor sea la distancia de cruce, mayor será el tiempo que una persona permanece expuesta al tráfico. Por eso son importantes las fases peatonales adecuadas, así como los refugios peatonales o isletas centrales que permitan realizar el cruce de manera segura.

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No basta con pintar un cruce peatonal.

¿Qué necesita un cruce para ser realmente accesible? la accesibilidad requiere considerar diferentes formas de desplazarse y de percibir el entorno. Algunos de los elementos que pueden contribuir a ello son:

  • Rampas adecuadas.
  • Pendientes correctas.
  • Superficies continuas y en buen estado.
  • Guías táctiles cuando sea necesario.
  • Señalización visible y comprensible.
  • Semáforos peatonales.
  • Señales audibles en determinados contextos.
  • Buena iluminación.
  • Ausencia de obstáculos.

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Pero estos elementos no funcionan de manera aislada. Un cruce puede contar con una rampa y, aun así, ser inaccesible si un vehículo la bloquea. También puede tener un semáforo peatonal, pero si el tiempo destinado para cruzar es insuficiente, seguirá representando una barrera, especialmente para las personas mayores o con movilidad reducida.

Las personas mayores no deberían tener que “calcular” el tráfico para poder cruzar una calle. Una infraestructura segura no debería exigirles determinar rápidamente la velocidad de un automóvil, calcular cuánto tiempo tienen disponible y decidir si necesitan apresurar el paso o correr para llegar al otro lado.

El diseño de la calle debe brindarles el tiempo y las condiciones necesarias para cruzar con seguridad y tranquilidad.

La banqueta también forma parte del cruce.

El cruce no empieza cuando la persona baja de la banqueta. Empieza desde que intenta llegar a él.

Una persona puede llegar a un cruce aparentemente "accesible" y aun así no poder utilizarlo adecuadamente. La continuidad de la banqueta, la ubicación de los obstáculos y las condiciones del espacio público son parte fundamental de la experiencia de cruzar una calle. A esto se suma el comportamiento de quienes conducen:

  • Automóviles que invaden las cebras peatonales.
  • Vehículos mal estacionados.
  • Motocicletas que circulan o se detienen sobre el cruce.
  • Conductores que aceleran cuando una persona comienza a cruzar.
  • Para alguien que se desplaza lentamente, cualquiera de estas situaciones puede representar un riesgo todavía mayor.

La visibilidad también es fundamental.

Para que un cruce sea seguro, peatones y conductores necesitan poder verse entre sí. Sin embargo, algunos elementos pueden dificultar esta interacción. Por ejemplo:

  • Vehículos estacionados en las esquinas.
  • Publicidad que obstruye la visibilidad.
  • Árboles o mobiliario urbano mal ubicados.
  • Calles demasiado anchas.
  • Cruces alejados de las intersecciones.

Cuando la visibilidad disminuye, también aumenta la posibilidad de que un peatón y un vehículo se detecten demasiado tarde.

El diseño de la calle debe reducir la necesidad de tomar decisiones riesgosas.
La accesibilidad tampoco consiste solamente en construir rampas. Implica proporcionar información que pueda ser percibida de distintas maneras y permitir que las personas comprendan el espacio que están recorriendo.

Para una persona con discapacidad visual, por ejemplo, la calle debe ofrecer referencias que permitan identificar dónde termina la banqueta, dónde comienza la calzada, cuándo es posible cruzar y hacia dónde continuar el recorrido.

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La velocidad de los vehículos cambia completamente el escenario.

La velocidad es otro elemento determinante. Una persona que cruza una avenida necesita tiempo para desplazarse, mientras que un vehículo puede recorrer grandes distancias en cuestión de segundos.

Por eso, reducir la velocidad de los vehículos en zonas donde existe interacción entre peatones y automóviles no solo disminuye la gravedad de un posible siniestro; también permite que las personas tengan más tiempo para cruzar y reaccionar ante lo que sucede a su alrededor.

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Una calle segura debe contemplar la diversidad humana.

Las calles son utilizadas por niñas y niños, personas mayores, personas con discapacidad, personas que cargan objetos, personas con lesiones temporales, personas que utilizan carriolas y personas con diferentes velocidades y formas de desplazamiento.

Diseñar para todas ellas no significa crear una excepción para cada grupo. Significa reconocer que la diversidad forma parte de la vida cotidiana de cualquier ciudad.

Una ciudad accesible no es aquella en la que las personas aprenden a adaptarse a calles difíciles de recorrer. Es aquella que reduce las barreras y permite que cada persona pueda desplazarse con seguridad, autonomía y dignidad.

Al final, la pregunta no debería ser solamente qué tan rápido puede cruzar una persona una avenida, sino: ¿Qué estamos haciendo para que cualquier persona pueda cruzarla de forma segura? Porque una calle realmente accesible no obliga a las personas a adaptarse a ella. La calle debe adaptarse a las personas.


Anel Mejía
Autora: Anel Mejía. Auxiliar de proyectos en Mapasin. Licenciada en Diseño Urbano y del Paisaje por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Diplomado Internacional de Movilidad Urbana por la Universidad de Guadalajara.
 
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