22 de octubre de 2026

La movilidad del cuidado ¿Por qué visibilizar los viajes que sostienen la vida es clave para la equidad urbana?

La movilidad del cuidado ¿Por qué visibilizar los viajes que sostienen la vida es clave  para la equidad urbana?

Seguramente, cuando pensamos en la movilidad y en el transporte público de nuestras ciudades, la primera imagen que viene a nuestra mente es la de miles de personas desplazándose al mismo tiempo desde las periferias hacia los centros de trabajo durante las horas pico.

Desafortunadamente, los modelos tradicionales de planificación urbana han diseñado el territorio bajo la falsa premisa de que la inmensa mayoría de los viajes lineales y de carácter meramente laboral. Por esta razón, es urgente abrir el análisis sobre una dimensión fundamental que ha sido históricamente invisibilizada en las políticas territoriales: la movilidad del cuidado.

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Para comprender la trascendencia de este concepto, es necesario definir qué implica realmente. La movilidad del cuidado engloba a todos aquellos desplazamientos indispensables para garantizar el bienestar, la salud y la reproducción social de los miembros del hogar.

Esto se debe a que abarca los trayectos necesarios para llevar y recoger a las infancias de las escuelas, acompañar a adultos mayores o personas con discapacidad a consultas médicas, realizar el abastecimiento de alimentos y gestionar los trámites cotidianos de la vivienda.

En este sentido, no se trata de viajes secundarios o prescindibles, sino de la red de movilidad fundamental sobre la cual descansa el funcionamiento operativo y social de la comunidad. Asimismo, estudiar e investigar la movilidad del cuidado es indispensable para corregir las brechas de género y la pobreza de tiempo; que aquejan a las ciudades hoy en día.

Por un lado, debido a la asignación histórica de roles de género, la carga del trabajo de cuidados no remunerado recae de forma desproporcionada sobre las mujeres. Por otro lado, a diferencia de los desplazamientos productivos directos (casa - centro de trabajo - casa), la movilidad del cuidado se caracteriza por ser poligonal, fragmentada, de proximidad y compuesta por múltiples paradas interconectadas en una sola cadena de viajes.

Cuando una ciudad ofrece un transporte público que cobra pasajes independientes por cada viaje, con rutas rígidas y sin equipamientos cercanos a la vivienda, el territorio penaliza severamente el tiempo y la economía de las personas cuidadoras. Por lo tanto, ignorar esta dinámica en la recopilación de datos urbanos perpetúa un modelo que segrega y limita la autonomía económica de las mujeres.

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Pero vamos por partes. Para integrar la movilidad del cuidado en la planeación de nuestras ciudades, existen herramientas e intervenciones técnicas prioritarias: Estructuración de datos con perspectiva de género. Rediseñar las Encuestas Origen-Destino para que registren con precisión los viajes con propósitos de acompañamiento, paradas intermedias y horarios no convencionales.

Sistemas de integración tarifaria. Implementar esquemas de cobro unificado y pases temporales en el transporte colectivo que no penalicen financieramente la realización de múltiples transbordos o viajes cortos.

Proximidad y usos de suelo mixtos. Planificar las zonas residenciales en estrecha relación con equipamientos urbanos básicos (guarderías, primarias, centros de salud y mercados), permitiendo resolver las necesidades del cuidado mediante caminatas cortas.

Infraestructura peatonal segura y con confort térmico. Proyectar banquetas continuas, rampas de accesibilidad universal, iluminación adecuada y corredores arbolados que faciliten el tránsito seguro de personas acompañadas o con carriolas.

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En conclusión, visibilizar e investigar la movilidad del cuidado es un requisito indispensable para transitar hacia un modelo de "ciudad cuidadora" que ponga la sostenibilidad de la vida en el centro de las decisiones territoriales. 

Mientras la infraestructura continúe priorizando la velocidad del transporte motorizado privado por encima de las necesidades de quienes cuidan y acompañan, seguiremos profundizando la desigualdad socio-espacial.

Diseñar calles y sistemas de transporte accesibles para la movilidad del cuidado es, en última instancia, saldar una deuda histórica de equidad y garantizar que el derecho a la ciudad se ejerza en condiciones de máxima dignidad para todas y todos.


Gloria Morales
Autora: Gloria Morales. Ejecutiva de educación y comunicación de Mapasin. Licenciada en Arquitectura por la Universidad Autónoma de Sinaloa. MC. en Arquitectura y Urbanismo por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Profesora e investigadora en temas urbanos.