Cruces que salvan vidas: cuando la calle se diseña para las personas

Cruzar una calle debería ser una de las acciones más sencillas de cualquier viaje. Sin embargo, en muchas ciudades mexicanas, caminar unos cuantos metros de un lado al otro de una vialidad puede convertirse en una situación de riesgo.
Durante décadas, una de las respuestas más comunes ante este problema fue construir puentes peatonales. La lógica parecía sencilla: si los vehículos circulan por abajo y las personas cruzan por arriba, ambos movimientos quedan separados y, aparentemente, la calle se vuelve más segura.
En Culiacán, el análisis del contexto urbano y de los registros de siniestralidad vial nos ha permitido identificar que los puentes peatonales no necesariamente representan una solución segura. Por el contrario, existen experiencias en la ciudad que muestran mejores resultados cuando el cruce se resuelve a nivel de calle y a nivel de banqueta.
Checa esto: Cruces peatonales seguros y llenos de arte en Culiacán.
La seguridad no está arriba: está en el diseño de la calle.
Un puente anti peatonal obliga a las personas a modificar su trayectoria natural: subir escaleras, recorrer una estructura elevada, volver a bajar y, en muchos casos, caminar una distancia considerablemente mayor que la necesaria para llegar al otro lado.
Esto representa una barrera especialmente importante para niñas y niños, personas mayores, personas con discapacidad o movilidad limitada y quienes simplemente necesitan realizar un desplazamiento cotidiano de manera directa.
Además, los puentes suelen resolver principalmente la necesidad de mantener la circulación vehicular continua, en lugar de resolver la necesidad de las personas de cruzar la calle.
En Culiacán, Mapasin ha estudiado esta relación entre infraestructura peatonal, contexto urbano y siniestralidad vial. Los análisis realizados alrededor de puentes anti peatonales han mostrado la presencia de atropellamientos y otros siniestros, mientras que en los sitios donde se han implementado cruces peatonales seguros a nivel de banqueta se ha observado una reducción de los siniestros y, particularmente, la interrupción de las muertes por atropellamiento registradas previamente en esas zonas.
Esto no significa que un cruce elevado sea, por sí solo, una solución mágica. Significa algo mucho más importante: la seguridad vial puede cambiar cuando modificamos las condiciones de la calle para reducir velocidades, hacer visibles a las personas y darles prioridad al cruzar.
¿Qué es entonces un cruce que salva vidas?
Un cruce seguro no consiste únicamente en pintar unas rayas sobre el pavimento. Es el resultado de diseñar el espacio considerando cómo se mueven las personas, dónde necesitan cruzar y qué condiciones existen alrededor.
Los cruces peatonales a nivel de banqueta son una de estas herramientas. Su principal característica es que elevan el cruce peatonal hasta el nivel de la banqueta, haciendo que el vehículo atraviese una zona que pertenece funcionalmente al espacio peatonal.
Esto genera una condición fundamental: el automóvil debe reducir su velocidad y ceder el paso a quien cruza. Además, la trayectoria de la persona peatona permanece prácticamente continua. No necesita subir y bajar una estructura ni desviarse de su recorrido natural.
En Culiacán ya existen ejemplos de este tipo de infraestructura frente a equipamientos como hospitales, universidades y otros espacios con alta afluencia peatonal. Mapasin ha documentado desde hace varios años su funcionamiento y sus efectos en materia de seguridad vial.
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No todos los cruces necesitan la misma solución.
Hablar de cruces seguros tampoco significa que todas las calles deban tener exactamente el mismo diseño. Una calle local con pocos vehículos necesita una solución distinta a una avenida de varios carriles. Un entorno escolar requiere condiciones diferentes a las de un hospital, un parque, una oficina pública o un mercado pueden generar flujos peatonales que requieren intervenciones específicas. Por eso, el diseño debe partir del contexto urbano y de las necesidades reales de las personas.
Entre las herramientas que pueden utilizarse se encuentran:
- Cruces peatonales a nivel de banqueta, para reducir velocidades y dar continuidad a la trayectoria peatonal.
- Semáforos peatonales, especialmente en vialidades con mayores volúmenes vehiculares.
- Orejas o extensiones de banqueta, que reducen la distancia que las personas necesitan recorrer para cruzar.
- Islas de resguardo en camellones, que permiten dividir el cruce en etapas cuando la sección de la calle es demasiado amplia.
- Señalización horizontal y vertical adecuada, para hacer visible el cruce y comunicar claramente la prioridad peatonal.
- Reducción de velocidades, particularmente alrededor de escuelas, hospitales, parques y otros lugares donde existe una alta presencia de personas vulnerables.
- Mejoramiento de la iluminación y visibilidad, evitando obstáculos que impidan que conductores y peatones puedan verse mutuamente.
La respuesta, entonces, no es construir más infraestructura solo por construirla. Es elegir la intervención adecuada para cada lugar. Los cruces seguros deben formar parte de las principales rutas peatonales de la ciudad y priorizar aquellos lugares donde existe una concentración importante de personas: escuelas, universidades, hospitales, centros de salud, oficinas públicas, parques, mercados, centros comerciales, paradas de transporte público y otros equipamientos.
No se trata únicamente de colocar cruces donde resulte conveniente para los automóviles, sino de reconocer las líneas de deseo peatonal, los lugares donde las personas realmente necesitan atravesar la calle para llegar a su destino.
Si cientos de personas cruzan diariamente frente a una escuela, un hospital o un parque, la solución no debería ser pedirles que recorran cientos de metros adicionales para encontrar un puente. La solución debe consistir en diseñar un cruce seguro justo donde existe esa necesidad.
Esta transformación no depende únicamente de buenas intenciones. México cuenta actualmente con una Norma Oficial Mexicana específica para el diseño de vías urbanas: la NOM-004-SEDATU-2023, Estructura y diseño para vías urbanas.
Especificaciones y aplicación.
La norma es de aplicación obligatoria para las calles existentes y de nuevo diseño de jurisdicción federal, estatal y municipal. Entre sus principios se encuentra mejorar la movilidad en condiciones de accesibilidad y seguridad vial, colocando la vida de las personas al centro de las decisiones.
La misma norma señala la importancia de analizar las líneas de deseo de las personas peatonas, minimizar los conflictos entre peatones y vehículos, garantizar conexiones seguras con los generadores de viaje y considerar áreas de resguardo en cruces de vialidades amplias. También establece considerar una velocidad de proyecto de 20 km/h en el entorno de equipamientos con afluencia de personas vulnerables, como escuelas, hospitales y parques.
Es decir, la normativa mexicana ya reconoce que una calle segura no es aquella donde las personas son expulsadas del nivel de la calle, sino aquella donde el diseño reduce los riesgos y permite que todos puedan desplazarse de manera accesible.
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Diseñar para que un error no cueste una vida.
El nuevo enfoque para abordar la seguridad vial parte de una idea sencilla: las personas pueden cometer errores.
Una persona puede cruzar distraída. Un conductor puede no percatarse de alguien que intenta atravesar. Alguien puede calcular mal una distancia o una velocidad. Pero un error no debería convertirse automáticamente en una lesión grave o en una muerte.
Por eso, una infraestructura segura debe considerar el comportamiento humano y reducir las consecuencias de esos errores. Reducir la velocidad de los vehículos, acortar los cruces, mejorar la visibilidad, proporcionar espacios de resguardo y hacer claros los lugares donde las personas deben cruzar son estrategias que ayudan a construir calles más tolerantes al error. Ese es uno de los principios fundamentales de una visión de seguridad vial que pone la vida al centro.
Los cruces a nivel de banqueta que ya existen en Culiacán representan algo más que obras puntuales: son ejemplos de que es posible cambiar la forma en que entendemos la relación entre peatones y vehículos. Los datos disponibles muestran resultados alentadores en los sitios donde se han implementado. Pero todavía necesitamos más.
Necesitamos que los cruces seguros sean parte de una red, no intervenciones aisladas. Que las principales calles de la ciudad cuenten con puntos de cruce adecuados. Que los entornos escolares y hospitalarios sean diseñados para velocidades bajas. Que las banquetas tengan continuidad. Que las esquinas sean visibles y accesibles. Que las vialidades amplias cuenten con espacios de resguardo. Y que la señalización indique claramente quién tiene la prioridad.
Porque una ciudad no es segura cuando tiene algunos cruces seguros, una ciudad es segura cuando cruzar una calle deja de ser una actividad que pone en riesgo la vida. En Culiacán ya hemos comenzado a demostrar que es posible hacerlo diferente. Ahora el reto es llevar esta visión a más calles, más barrios y más personas. Porque los cruces no solo conectan dos lados de una calle. Los cruces seguros conectan a las personas con sus destinos y, sobre todo, pueden salvar vidas.
