Calles completas en Culiacán: la estrategia para una movilidad eficiente y segura

Durante el último siglo, nuestras ciudades han sido diseñadas bajo una ideología que parece inamovible: la automovilidad. Hemos creído que el éxito de una avenida se mide por qué tan rápido la atraviesa un carro, destinándole casi todo el presupuesto, el espacio y nuestra seguridad. El resultado está a la vista: ciudades que se expanden sin control, personas que pierden hasta seis horas del día en el transporte público y niveles de ruido y contaminación que merman nuestra salud.
Imagina que tu casa fuera solo pasillos para correr de un lado a otro, sin espacios para sentarse, comer o convivir. Así son muchas de nuestras calles hoy: "pasillos" hostiles para los autos que han olvidado que la calle es, ante todo, el espacio público más importante de la ciudad.
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Para revertir esto, surge el concepto de “calle completa”. No es una idea utópica; es la intención de rediseñar nuestras vías para que todos (niñas, adultos mayores, ciclistas, usuarios del camión y automovilistas) podamos convivir de manera equitativa y, sobre todo, segura.

¿Por qué Culiacán necesita calles completas?
Para que nadie pierda la vida. El diseño tradicional prioriza la velocidad, y la velocidad mata. Las calles completas aplican la seguridad sistémica: si el diseño de la calle es correcto, el error humano no tiene por qué ser fatal. Al ensanchar banquetas, colocar islas de refugio y segregar ciclovías, obligamos al entorno a cuidar al más vulnerable. No es estorbar al carro, es proteger la vida.
Hoy, nuestra ciudad opera con la pirámide invertida: el auto particular recibe la mayor atención, dejando al peatón y al ciclista al final. Una calle completa democratiza el espacio. Permite que quien camina o usa la bicicleta tenga rutas directas y seguras, y que el transporte público deje de ser una experiencia de desgaste para convertirse en una opción digna y eficiente.
Especialmente en contextos como el nuestro, la calle es donde ocurre la vida: el comercio, la plática con el vecino, el camino a la escuela. Una avenida transformada incorpora la movilidad del cuidado: necesita sombra (árboles), bancas para descansar, iluminación que nos haga sentir seguras de noche y banquetas accesibles para una carriola o una silla de ruedas. Es pasar de zonas hostiles a espacios habitables.
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En Culiacán, tenemos vialidades con un potencial enorme para convertirse en calles completas. Avenidas que hoy están sobredimensionadas (con carriles excesivamente anchos o espacios desaprovechados) podrían recuperar terreno para mejorar la movilidad de todos, como:
- Av. Álvaro Obregón: Nuestro eje principal, con alta demanda peatonal y comercial.
- Blvr. Francisco I. Madero y Blvr. Emiliano Zapata: Conexiones vitales que hoy segregan colonias.
- Blvr. Pedro Infante y Blvr. José Limón: Zonas de gran crecimiento que necesitan urgentemente ser más fáciles de transitar por ellas.

¿Qué hace que una avenida importante sea candidata a convertirse a una calle completa?
Que tenga escuelas u hospitales cerca, que por ella pasen rutas de camión o que, simplemente, sea tan ancha que "le sobre" espacio para regalarle una ciclovía o una banqueta digna a la ciudad.
¿Cómo sabemos si funciona?
No necesitamos grandes obras de concreto desde el día uno. El urbanismo táctico nos permite usar pintura, macetas y mobiliario temporal para "ensayar" la nueva calle. Esto nos da datos reales, nos permite corregir errores y, lo más importante, invita a la comunidad a participar y ver que otra ciudad es posible.
En conclusión, transformar nuestras avenidas es abandonar la idea obsoleta de que las calles le pertenecen solo a los motores. Es dar un paso hacia una ciudad más justa y resiliente. Al final del día, una calle completa no es solo una vía de tránsito; es el lugar donde elegimos convivir y donde, por fin, caminar vuelve a ser una experiencia segura y habitable para todas las personas.
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