Todos los días, en las ciudades medias y grandes, las personas se enfrentan a la misma frustración al salir de casa: la congestión vehicular. Dependiendo de la urbe, la magnitud del problema varía, pero la queja es una constante universal. Esta problemática ha persistido prácticamente desde que el automóvil se integró al diseño de nuestras ciudades. Por eso el día de hoy te queremos compartir información sobre si realmente necistamos más carriles o solo es el mito del carro.
En el caso de Culiacán, este fenómeno es crítico en las avenidas principales durante las "horas pico" y en las zonas de equipamiento urbano que generan una alta demanda de viajes por motivos laborales o académicos.
Ante el caos vial, la respuesta que suele presentarse como "lógica" es la ampliación de vialidades. El razonamiento parece simple: a mayor espacio para transitar, menor congestión. Sin embargo, detrás de esta premisa se esconde una trampa invisible a primera vista: la demanda inducida. Al destinar más espacio para la circulación, se incentiva el uso del automóvil, lo que genera más tráfico, que a su vez deriva en peticiones de más infraestructura. Es un círculo vicioso de oferta y demanda que nunca termina.
Para ilustrarlo, imaginemos que al iniciar el año te propones ponerte en forma. Acudes con determinación al nutriólogo y le explicas que tu ropa ya no te queda, que incluso hay prendas que ni siquiera puedes abrochar. Buscas una estrategia para cambiar tus hábitos y recuperar tu talla. Imagina ahora que el nutriólogo, en lugar de proponerte un plan alimenticio, te dice: “La solución es lógica: si su ropa le aprieta, compre ropa de una talla más grande”.
Suena absurdo, ¿cierto? Entonces, ¿por qué intentamos aplicar esa misma lógica a nuestras ciudades?

Nuestras ciudades necesitan un cambio urgente de estrategia y hábitos de movilidad. No existe ciudad en el mundo capaz de soportar la construcción infinita de carriles sin colapsar. Los Ángeles, con sus famosas autopistas de hasta diez carriles por sentido, es la prueba irrefutable de que el espacio adicional no soluciona el tráfico. Lo mismo ocurre en la Ciudad de México, donde ni siquiera un segundo piso en el Periférico ha logrado mitigar el problema.
Si nos preguntamos si existe alguna ciudad que haya reducido su congestión construyendo más espacio para autos, la respuesta es un rotundo no.
La solución no radica en acomodar más vehículos, sino en reducir la dependencia de ellos. Es insostenible que todas las personas se muevan en auto privado. La verdadera salida es la multimodalidad: que los ciudadanos tengan opciones reales. Esto implica acercar los centros de trabajo y estudio a las viviendas (bajo conceptos como la "Ciudad de los 15 minutos") y garantizar que, para distancias largas, la opción más eficiente sea el transporte público o la bicicleta, no el carro.
En conclusión, la planificación urbana moderna debe dejar de diseñar ciudades para los automóviles y comenzar a diseñarlas para las personas. La experiencia global demuestra que la expansión asfáltica es un paliativo temporal que agrava el problema a largo plazo. El éxito de las ciudades del futuro no se medirá por cuántos autos pueden circular por sus avenidas, sino por la eficiencia de su transporte masivo, la seguridad de sus ciclovías y la proximidad de sus servicios. Solo recuperando el espacio público para el ciudadano podremos romper el círculo vicioso del tráfico y mejorar, de forma real, nuestra calidad de vida.

