30 de marzo de 2026

El transporte público como espacio público: más allá de movernos, habitamos la ciudad

El transporte público como espacio público: más allá de movernos, habitamos la ciudad

Normalmente pensamos en el espacio público como un lugar fijo, una plaza, un parque o una calle. Sin embargo, también es cualquier lugar de la ciudad donde interactuamos y convivimos, sin importar si está en estático o en movimiento.

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El transporte público no es solo un medio para trasladarse, es un espacio dinámico donde ocurren relaciones, se generan vínculos y se abren oportunidades de cuidado y comunidad.

Las interacciones que suceden en él influyen directamente en la percepción de seguridad, el bienestar emocional, la convivencia social y el acceso a oportunidades.
“La ciudad no solo se vive en sus calles y parques, también se experimenta todos los días dentro del transporte público.”

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¿Por qué hablar del transporte público como espacio?
Si comenzamos a ver el transporte público como un espacio ampliamente utilizado, cambia la forma en que entendemos su diseño, su importancia y las responsabilidades que implica. También transforma la manera en que concebimos los cuidados y los derechos de quienes lo usan.
En una ciudad como Culiacán, donde muchas personas pasan varias horas al día en transporte, este “espacio en movimiento” influye directamente en:
- La percepción de seguridad
- El bienestar emocional
- La convivencia entre personas
- El acceso a oportunidades

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Pero… ¿por qué es importante hablar de esto?
El modelo actual de transporte público presenta diversos retos: sobreoferta de unidades (principalmente en el centro de la ciudad), con malas condiciones laborales los choferes, falta de planeación, marcos normativos desactualizados y una infraestructura deficiente de paradas a lo largo de la ciudad.

Hablar del transporte público como espacio también es hablar de ciudad. Apropiación del espacio: cómo las personas hacen suyo el transporte. Aunque el transporte público no fue diseñado como un espacio de estancia, en la práctica las personas lo transforman y adaptan constantemente para hacerlo más llevadero, útil e incluso más humano.
La apropiación del espacio se refiere a la forma en que las personas lo modifican, usan o reinterpretan según sus necesidades, aunque no haya sido concebido así desde su diseño. Esto se observa todos los días: personas que escuchan música o ven contenido multimedia para aislarse durante el trayecto, quienes duermen, descansan o leen, así como la presencia de comercio ambulante o actividades económicas informales dentro de las unidades.
¿Qué nos dice esto? Que el transporte público no es un espacio neutro, en él se vive, se adapta y se resignifica constantemente. Cuando existe una convivencia sana y cómoda, también se construye comunidad.
Al mismo tiempo, estas prácticas evidencian necesidades no resueltas (comodidad, seguridad, tiempo y calidad), y muestran cómo las personas buscan recuperar el control en un entorno que muchas veces resulta incómodo. En ese sentido, la apropiación es una forma de respuesta ciudadana ante las limitaciones del sistema. Un servicio cómodo, seguro y bien valorado puede fortalecer el sentido de comunidad y hacer más llevadero el trayecto.
Diseñar pensando en las personas: ¿Estamos diseñando el transporte considerando a los usuarios?
Si aceptamos que el transporte es un espacio público no estático, entonces debe cumplir con cualidades básicas de cualquier espacio público de calidad: seguridad, accesibilidad, comodidad y dignidad.

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Diseñar para el usuario implica dejar de ver el transporte únicamente como un sistema de traslado y comenzar a entenderlo como un entorno cotidiano que impacta directamente en la calidad de vida.
Además, la experiencia no empieza ni termina dentro de la unidad. También importa cómo es la espera: las condiciones de las paradas, la existencia de sombra (como elementos de vegetación), la información sobre rutas y horarios, así como la accesibilidad para llegar a ellas. Factores como la frecuencia y la saturación del servicio también son clave. Es decir, el transporte como espacio público comienza desde la banqueta.
“Moverse por la ciudad no debería ser una experiencia de desgaste, sino una parte digna y habitable de la vida cotidiana.”
Hoy, las personas hacen lo posible por adaptar el transporte a sus necesidades. Pero … ¿qué pasaría si el sistema estuviera diseñado desde el inicio pensando en ellas? Reconocer el transporte público como un espacio público móvil es el primer paso para transformarlo en un entorno saludable, cómodo y seguro.


Anel Mejía
Autora: Anel Mejía. Auxiliar de proyectos en Mapasin. Licenciada en Diseño Urbano y del Paisaje por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Diplomado Internacional de Movilidad Urbana por la Universidad de Guadalajara.
 
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