1 de enero de 1970

La convivencia pacífica en la vía también se construye respetando el espacio de los demás

La convivencia pacífica en la vía también se construye respetando el espacio de los demás

Todos los días compartimos la vía con muchas personas. Algunas caminan hacia su trabajo o escuela, otras se trasladan en bicicleta, motocicleta, transporte público o automóvil. Aunque cada persona tiene una forma distinta de moverse, todas coinciden en un mismo espacio: la ciudad y sus calles.

Sin embargo, la convivencia en la vía puede complicarse cuando olvidamos que este espacio no pertenece a un solo tipo de usuario.

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Las banquetas, los cruces peatonales, las ciclovías, los carriles de circulación y las paradas de transporte público cumplen una función: permitir que las personas puedan desplazarse de manera más ordenada y segura. Cuando estos espacios son respetados, cada usuario puede realizar su recorrido con mayor seguridad.

Pero cuando son invadidos u obstruidos, las personas se ven obligadas a adaptarse y, en muchos casos, a exponerse a situaciones de riesgo. Para quienes conducen un vehículo, respetar los espacios destinados a otros usuarios puede hacer una diferencia importante.

Estacionarse sobre una banqueta puede obligar a una persona a caminar por la calle. Ocupar una ciclovía puede obligar a quien utiliza la bicicleta a incorporarse repentinamente entre los vehículos. Bloquear una rampa puede impedir el paso de una persona usuaria de silla de ruedas, de alguien con movilidad reducida o de una familia que se desplaza con una carriola.

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Lo que para un automovilista puede parecer una acción momentánea, para otra puede convertirse en una barrera. Por eso, respetar el espacio de los demás usuarios no es únicamente una cuestión de cortesía: es una acción que contribuye a reducir riesgos y a construir una movilidad más segura para todas las personas.

Conducir un vehículo no consiste solamente en conocer las reglas de tránsito o llegar al destino. También implica tomar decisiones constantes que influyen en la seguridad de otras personas.

Reducir la velocidad en zonas donde hay personas caminando, respetar los cruces peatonales, mantener una distancia segura al rebasar a un ciclista, permitir el paso cuando corresponde y evitar bloquear espacios destinados a otros usuarios son algunas acciones que pueden mejorar la convivencia cotidiana en la vía.

En una ciudad donde miles de personas realizan sus traslados todos los días, es inevitable encontrarse con alguien que camina más despacio, una bicicleta que circula por la calle, un autobús que realiza una parada o una persona que necesita más tiempo para cruzar.

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Reconocer estas diferencias es fundamental para entender que no todas las personas nos movemos de la misma manera ni enfrentamos los mismos riesgos. Durante mucho tiempo, las ciudades han sido diseñadas priorizando el desplazamiento de los vehículos. Esto ha llevado, en algunos casos, a pensar que caminar, andar en bicicleta o utilizar el transporte público son actividades secundarias dentro de la vía. Pero las calles son mucho más que espacios para el paso de automóviles.

Son lugares por donde las personas caminan, cruzan, esperan el transporte público, llegan a comercios, escuelas, viviendas y centros de trabajo. Son espacios que forman parte de la vida cotidiana y que deberían permitir la convivencia entre diferentes formas de movilidad.

La seguridad vial no depende únicamente de construir más infraestructura o instalar nuevas señales. También se construye a partir de las decisiones que tomamos cada vez que salimos a la calle.

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Antes de estacionar un vehículo sobre una banqueta, vale la pena pensar en quién tendrá que desviarse por nuestra decisión. Antes de ocupar una ciclovía o detenerse sobre un cruce peatonal, es importante recordar que estos espacios permiten a otras personas continuar su recorrido de forma segura.

Cada usuario tiene un papel dentro de la movilidad, pero quienes conducen vehículos tienen una responsabilidad especial por el nivel de riesgo que puede representar su forma de desplazamiento para las personas más vulnerables.

Construir una convivencia pacífica en la vía implica cambiar la idea de que las calles son una competencia para avanzar primero. No se trata de quién llega antes, sino de que todas las personas puedan llegar a salvo.

Respetar los espacios, reducir la velocidad, tener paciencia y reconocer a las demás personas como parte de nuestro entorno son acciones sencillas que pueden transformar la manera en que vivimos y compartimos nuestras calles. Porque una ciudad más segura también comienza cuando entendemos que la vía no es solo para circular: es un espacio que debemos aprender a compartir.

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Manuel Vega
Autor: Manuel Vega. Auxiliar de proyectos de Mapasin. Licenciado en Diseño Urbano y del Paisaje por la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).
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