Transporte Público en México: análisis comparativo entre León, Chihuahua, Hermosillo y Culiacán

El panorama del transporte público en las zonas metropolitanas de México atraviesa un proceso de transformación crítica, caracterizado por una transición desde modelos de concesión tradicional hacia sistemas integrados de transporte de alta capacidad.
Se investigó sobre el estado actual, las dinámicas de uso, las estructuras tarifarias y las percepciones de los usuarios en cuatro ciudades para su comparación: León, Chihuahua, Hermosillo y Culiacán. A través de un análisis detallado de los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), informes de observatorios ciudadanos y datos operativos de los sistemas, se establece una comparación multidimensional que permite comprender las fortalezas y debilidades de la movilidad urbana en estas regiones.
La movilidad urbana no es simplemente un desplazamiento; constituye el eje que permite el acceso a derechos fundamentales como la educación, el empleo y la salud. Un sistema de transporte eficiente y accesible mejora sustancialmente la calidad de vida, reduce las desigualdades territoriales y promueve la inclusión social. Sin embargo, la investigación de las ciudades seleccionadas revela disparidades profundas en la inversión, la infraestructura y, fundamentalmente, en la satisfacción de quienes dependen diariamente del servicio.
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El modelo de León, Guanajuato.
La ciudad de León, Guanajuato, se posiciona como una referencia histórica y técnica en la movilidad mexicana. Fue la primera ciudad en el país en implementar un sistema de autobús de tránsito rápido (BRT, por sus siglas en inglés) en el año 2003, bajo la denominación de Sistema Integrado de Transporte (SIT) Optibús, conocido localmente como "La Oruga". Este sistema fue pionero incluso antes de la implementación del Metrobús en la Ciudad de México o el Macrobús en Guadalajara.
Evolución operativa y estructura del SIT Optibús.
El sistema Optibús ha logrado un nivel de integración excepcional, concentrando el 85% de los viajes totales realizados en transporte público en la ciudad. Su estructura se basa en un modelo que combina rutas troncales, alimentadoras y auxiliares mediante una tarifa única que permite transbordos sin costo adicional en sus estaciones de transferencia.

La infraestructura del sistema incluye 30 kilómetros de carriles exclusivos y estaciones con plataformas elevadas para unidades articuladas. En sus etapas más recientes, se han incorporado tecnologías de vanguardia para la programación y optimización del servicio, utilizando algoritmos de machine learning e inteligencia artificial para adaptar las frecuencias a las demandas cambiantes de la población. No obstante, a pesar de su madurez técnica, el sistema enfrenta retos significativos en cuanto a la renovación de la flota y la percepción de seguridad.
Dinámicas de uso según la estadística de transporte urbano de pasajeros.
De acuerdo con los datos más recientes del INEGI, León muestra una escala operativa masiva. En noviembre de 2025, el sistema trasladó a 17.1 millones de pasajeros. Sin embargo, se observa una tendencia a la baja en la demanda anual. Por ejemplo, en febrero de 2026, el Optibús transportó a 13.7 millones de personas, lo que representó una disminución del 11.3% en comparación con los 15.5 millones transportados en febrero de 2025. Esta caída también se refleja en la distancia recorrida, que disminuyó un 8.6% a tasa anual, situándose en 4.1 millones de kilómetros mensuales.
Esta contracción en la demanda podría estar vinculada a una transformación en los hábitos de consumo de transporte de los leoneses. Existe evidencia de que un sector de la población está abandonando el transporte público en favor de la motocicleta. La percepción de que el servicio está empeorando y las tarifas son elevadas ha llevado a muchos usuarios a preferir el pago de créditos quincenales para adquirir vehículos propios.
Este fenómeno es un indicador crítico de la pérdida de competitividad del sistema masivo frente a soluciones individuales de bajo costo, a pesar de que el costo por usuario en León se considera bajo si se aprovechan los transbordos gratuitos.
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El caso de Chihuahua.
La ciudad de Chihuahua ha pasado por una serie de cambios administrativos y técnicos para consolidar su propio sistema de transporte masivo. Originalmente conocido como Vivebús y ahora operado bajo la marca Bowí, el sistema es gestionado por una empresa paraestatal del Gobierno del Estado de Chihuahua.
Infraestructura y renovación reciente.
El eje central de la movilidad en Chihuahua es su corredor troncal de 20.4 kilómetros que conecta el sur y el norte de la ciudad mediante carriles exclusivos de concreto. Este sistema cuenta con 42 estaciones intermedias y dos terminales principales, operando con una flota que recientemente ha sido modernizada con unidades impulsadas por gas natural comprimido.
En 2024, el gobierno estatal incorporó 90 camiones nuevos a las rutas principales, buscando sustituir unidades que tenían hasta 30 años de antigüedad. Esta acción se enmarca en un esfuerzo por atender un servicio que, según autoridades locales, estuvo en abandono por cerca de 40 años. La introducción de estas unidades ha permitido atender una demanda diaria de entre 35,000 y 40,000 usuarios en las rutas más críticas como 1A-Express y Universitaria.

Indicadores de uso y kilometraje en Chihuahua.
Los datos de la ETUP del INEGI para Chihuahua muestran una escala menor que la de León, pero con una mayor estabilidad proporcional. En febrero de 2026, el sistema transportó a 0.6 millones de personas, una disminución del 5.7% respecto al año anterior. La distancia recorrida por el sistema troncal fue de 0.2 millones de kilómetros, reflejando una operación compacta enfocada principalmente en el eje de la ciudad.

La apuesta del gobierno de Chihuahua se centra en la modernización tecnológica y el control directo de la operación para garantizar estándares de calidad que fomenten el regreso de los usuarios al transporte masivo. No obstante, la cultura de uso intensivo del automóvil particular en el norte del país sigue siendo el principal competidor de este sistema.
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El caso de Hermosillo. La institucionalidad y el subsidio como estrategia de retención.
Hermosillo, Sonora, presenta un modelo de gestión donde el Estado ha asumido un rol protagónico en la regulación y financiamiento del servicio a través del Instituto de Movilidad y Transporte para el Estado de Sonora (IMTES). La capital sonorense ha destacado por la incorporación agresiva de nuevas unidades y la implementación de beneficios sociales directos.
Fortalecimiento de la flota y sostenibilidad ambiental.
Durante el año 2025, el gobierno de Sonora incorporó 146 nuevos camiones en todo el estado, de los cuales 49 fueron asignados específicamente a Hermosillo. Un aspecto distintivo de esta renovación es la inclusión de unidades eléctricas, marcando el inicio de una transición hacia una movilidad más sostenible y menos dependiente de combustibles fósiles. El uso de la Electrolinera Pública Estatal ha permitido ahorrar más de 13 toneladas de CO2, demostrando que la modernización del transporte puede alinearse con objetivos climáticos locales.
Análisis de la sostenibilidad financiera.
Uno de los mayores desafíos en Hermosillo es la brecha entre el costo real del servicio (tarifa técnica) y lo que el usuario paga (tarifa social). Según análisis de la organización "Hermosillo ¿Cómo Vamos?", la tarifa técnica estimada ronda los 19.00 pesos, mientras que la tarifa ordinaria se mantiene en 9.00 pesos. Esto implica que el gobierno estatal absorbe más del 50% del costo de cada viaje a través de subsidios directos a las empresas operadoras.

El reparto modal en Hermosillo muestra una recuperación lenta pero positiva para el transporte público. Mientras que en 2023 solo el 13% de la población lo utilizaba, para 2024 esta cifra subió al 23.8%. Sin embargo, el automóvil nacional sigue siendo el rey de la movilidad con un 41.5% del reparto modal. La estrategia de ofrecer dos pasajes gratuitos diarios a estudiantes es un factor clave en esta recuperación, incentivando el uso del sistema desde edades tempranas.
El caso de Culiacán.
Culiacán, Sinaloa, presenta el panorama más complejo entre las ciudades analizadas. A falta de un sistema de transporte masivo tipo BRT, la movilidad depende de una red de rutas convencionales operadas por concesionarios que enfrentan serias críticas en cuanto a calidad, seguridad y accesibilidad.
Diagnóstico de satisfacción y deficiencias de Infraestructura.
De acuerdo con encuestas de percepción ciudadana que realizamos en Mapasin, la insatisfacción en Culiacán es generalizada. El 76% de las mujeres, quienes constituyen el grupo mayoritario de usuarios, califican el servicio como "regular a muy malo". Los principales puntos de fricción incluyen la falta de puntualidad, la mala atención de los conductores y las condiciones precarias de las unidades y paraderos.

La seguridad es quizás el factor más alarmante. Solo el 22.5% de los usuarios manifiesta sentirse seguro en el sistema. Esta situación ha escalado al punto de requerir la intervención de agentes de seguridad encubiertos para patrullar las rutas más afectadas por asaltos y violencia. Además, el 31.5% de los usuarios califica el trato de los conductores como "malo" o "pésimo", lo que genera un ambiente de tensión constante durante los traslados.
Modernización y conflictos tarifarios en Culiacán.
A pesar de los problemas estructurales, se han hecho intentos por reforzar la capacidad operativa. Para el ciclo escolar actual, se incorporaron 140 unidades adicionales, elevando el total a 560 camiones que operan en 51 rutas en la capital sinaloense. No obstante, estos refuerzos no han mitigado el descontento por el aumento tarifario. En abril de 2026, la tarifa general en Sinaloa aumentó de 12.50 a 15.00 pesos, posicionándola como una de las más caras de la región en relación con la calidad del servicio ofrecido. En contraste, el gobierno estatal ha mantenido la tarifa estudiantil en 3.50 pesos como una medida de protección a la economía familiar.
Comparativa de satisfacción del usuario: un análisis basado en la ENCIG 2023.
La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2023 del INEGI ofrece una base de datos robusta para comparar cómo los ciudadanos perciben el transporte público masivo en los estados analizados. Este instrumento mide la satisfacción general y atributos específicos como el trato de los operadores, el estado de las unidades y la frecuencia de las corridas.
Satisfacción general y atributos específicos.
Los resultados revelan que Sonora (Hermosillo) tiene el nivel de satisfacción más alto entre los usuarios del transporte público masivo con un 67.8%, mientras que Chihuahua y Sinaloa muestran niveles significativamente inferiores. Guanajuato (León) destaca por su alta conectividad y suficiencia de rutas, aunque flaquea en la previsibilidad de los horarios.

Nota: Para Guanajuato, los datos específicos de transporte masivo se complementan con indicadores de movilidad urbana general en áreas metropolitanas de más de 100 mil habitantes.
Un hallazgo crítico compartido por todas las ciudades es el bajísimo nivel de satisfacción con el espacio dentro de las unidades. En ninguna ciudad más del 22.5% de los usuarios considera que las unidades no están saturadas. Esto indica que la "capacidad de respuesta" de los sistemas es insuficiente frente a los picos de demanda, lo que degrada la experiencia del viaje y puede incidir en la percepción de inseguridad y maltrato.
Análisis de la brecha entre infraestructura y percepción.
Existe una correlación inversa interesante en algunos casos: mientras que en Chihuahua el 41% de los usuarios valora positivamente el estado físico de las unidades (gracias a la reciente renovación), su satisfacción general no supera el 45%. Esto sugiere que la modernización de los vehículos es solo una parte de la ecuación; la frecuencia y el cumplimiento de los horarios son factores igualmente determinantes para la satisfacción final del usuario. En León, la altísima calificación en la suficiencia de rutas (84.7%) valida el diseño del SIT, pero la baja puntuación en el conocimiento de horarios (27%) revela una falla en la comunicación de datos en tiempo real hacia el ciudadano.
El costo de la tarjeta y el acceso al prepago.
El acceso a la tecnología de prepago también varía. En León, la tarjeta PagoBus tiene un costo de 25 pesos y se puede adquirir en las terminales principales. En Chihuahua, la tarjeta Bowí cuesta 20 pesos más el importe del primer viaje. Hermosillo ha hecho un esfuerzo por democratizar el acceso, ofreciendo la nueva tarjeta UNE de manera gratuita en centros de credencialización para facilitar la transición al cobro digital y reducir el flujo de efectivo en las unidades. Esta medida busca no solo eficiencia, sino también seguridad para el conductor y el pasajero al disminuir el atractivo delictivo de las unidades.
Desafíos futuros y la transición tecnológica.
El análisis de los sistemas de transporte en estas cuatro ciudades permite identificar tendencias que definirán la movilidad urbana en la próxima década. La tecnología, la sostenibilidad ambiental y la participación ciudadana emergen como los pilares de la mejora operativa.

Digitalización y sistemas inteligentes de transporte (ITS).
La integración de software avanzado para la planificación y gestión de flotas es ya una realidad en sistemas como el Optibús de León. Plataformas basadas en la nube permiten crear escenarios de demanda en tiempo real, optimizar los horarios de los conductores y mejorar la experiencia del pasajero mediante información precisa. Esta digitalización es una demanda sentida en ciudades como Culiacán, donde el 83.8% de los usuarios está dispuesto a adoptar aplicaciones y métodos de pago digitales para mejorar su calidad de vida.
Electro movilidad y compromisos ambientales.
El ejemplo de Sonora, con la incorporación de unidades eléctricas y la creación de una infraestructura de recarga pública, marca el camino para el resto de las ciudades del norte. En un contexto donde el transporte es el principal generador de gases de efecto invernadero a nivel local (74% en el caso de León), la transición hacia flotas de cero emisiones es una necesidad ambiental y de salud pública. No obstante, esta transición requiere de una reingeniería de la sostenibilidad financiera, dado que los costos de mantenimiento y energía para vehículos eléctricos presentan una estructura diferente a la de los motores de combustión interna.
La movilidad como derecho y el papel de los observatorios ciudadanos.
La presencia de organizaciones como el Observatorio Ciudadano de León (OCL) y "Hermosillo ¿Cómo Vamos?" es fundamental para garantizar que el transporte se mantenga en la agenda pública. Estos organismos actúan como contrapesos técnicos que miden el desempeño del gobierno y proponen políticas basadas en evidencia. Sus informes señalan que la movilidad debe ser "eficiente, inclusiva y de calidad", vinculando la mejora del transporte con la reducción de la pobreza y la incidencia delictiva.

Síntesis de hallazgos y conclusiones del estudio comparativo.
A través de los datos recopilados, se pueden extraer conclusiones definitivas sobre el estado de la movilidad en las ciudades objeto de estudio.
Primero, existe una clara división entre las ciudades que han adoptado modelos de transporte masivo estructurado (León y Chihuahua) y aquellas que aún operan bajo esquemas tradicionales o en transición (Hermosillo y Culiacán). León sigue siendo el líder indiscutible en integración y cobertura, aunque su madurez le obliga ahora a enfrentar retos de renovación de flota y competencia con medios de transporte individuales como la motocicleta.
Segundo, la seguridad percibida es el principal inhibidor del uso del transporte público, especialmente en Culiacán, donde la insatisfacción y el miedo de las usuarias es un problema de género y de derechos humanos que requiere atención inmediata. La implementación de medidas de vigilancia, aunque necesaria, es un síntoma de una crisis de seguridad más profunda que afecta la competitividad del sistema.
Tercero, la sostenibilidad financiera de los sistemas de transporte es precaria y depende altamente de los subsidios estatales, particularmente en Sonora. La brecha entre la tarifa técnica y la tarifa social es un desafío de gobernanza que obliga a los gobiernos a equilibrar la accesibilidad para los más pobres con la viabilidad económica de las empresas operadoras.
Finalmente, la comparación de los datos de la ENCIG del INEGI confirma que el trato de los conductores es una de las áreas mejor evaluadas, mientras que la saturación de las unidades y la falta de información sobre horarios son las mayores debilidades compartidas. La modernización no solo debe ser física (unidades nuevas), sino fundamentalmente operativa y comunicacional.
El futuro del transporte en León, Chihuahua, Hermosillo y Culiacán dependerá de la capacidad de las autoridades para integrar la tecnología digital, la electro movilidad y una visión de justicia social que ponga al usuario en el centro de la planificación urbana. Solo así el transporte público podrá dejar de ser visto como una opción de última instancia para convertirse en el motor de ciudades más equitativas, seguras y sostenibles.
