Mi experiencia en bicicleta: Percepción femenina detrás del manubrio

Montarse en una bicicleta puede resultar sencillo casi para cualquiera, pero ser mujer en una ciudad como la mia, andar en bici es un reto. Quienes hemos cambiado nuestro medio de transporte habitual por la bicicleta, la mayoría estaremos de acuerdo en que este tipo de movilidad nos vino a dar otro estilo de vida en muchos aspectos.

Nuestro cuerpo se siente mejor, nuestro ánimo más despierto, nuestra mente más activa, nuestro bolsillo más relajado. Definitivamente la bicicleta es una maravilla como medio de transporte.

Sin embargo, ¿cuáles son algunas de las desventajas que se presentan al movernos en bicicleta?

Seguramente se les podrá ocurrir hablar de esas gotas de sudor que molestan al llegar a nuestro destino. En algunas ocasiones unos minutos extras a nuestro tiempo de traslado. Podrán salir a relucir varios puntos que, en mi caso, no han sido lo suficientemente importantes como para sacrificar todo lo bueno que me ofrece.

Como en tantos ámbitos en la sociedad, la movilidad activa también resulta desigual cuando se habla de género. ¿Qué ve una mujer que va sentada detrás del manubrio de una bicicleta?

Para iniciar, y por mencionar lo más irrelevante, ve a un grupo de amigos que parecen estar disfrutando de un espectáculo, ¿el espectáculo? una mujer en bicicleta. Se escuchan gritos, risas y comentarios sugestivos sobre nuestro trasero.

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Rogamos porque esto no pase en una colina donde tenemos que ir paradas con las pompas arriba. Desde luego que este grupo de amigos seguro son primos hermanos de todos aquellos automovilistas a los que les parece gracioso sonar el claxon justo detrás de nosotras. Bueno, esto es apenas incómodo y molesto. Quizá lo más inofensivo con lo que se puede topar una mujer en su recorrido.

 

Continuemos con un tramo de nuestro trayecto en el que nos encontramos con una sospechosa soledad. ¿Qué pasa por la mente de una mujer en bicicleta?: lo sencillo que sería para quien lo decida, tan sólo plantarse en medio del camino e impedir el paso.

‘¿Estará alguien debajo de ese puente?’ ‘¿habrá alguien al doblar en la esquina?’ ‘quisiera que hubiera niños y familias jugando por aquí’.

Ahora, inevitablemente al ir de uno a otro de nuestros destinos, no todos los encontraremos sobre un transitado boulevard, entre un montón de establecimientos y plazas comerciales, o quizá, esa ruta que nos aleja del peligro del tráfico vehicular y nos ofrece mayor seguridad de circulación, es la misma ruta que nos pone en un lugar más vulnerable. Esa ruta que nos refresca con la sombra de los árboles, probablemente sea la misma que nos ponga más alerta de cuántos rincones oscuros hay por todos lados. Decenas de recovecos que pueden ser cómplices de algo en lo que no queremos pensar más.

¿Qué piensa una mujer cuándo un automovilista comienza a marchar despacio detrás de nosotras? ¿qué piensa cuando se da cuenta de que el carril es lo suficientemente ancho para que pueda pasar y sigue justo detrás de nosotras? Todas pensamos lo mismo.

Y quizá una de las mayores limitantes para aquellas que eligen este como su medio de transporte diario, en mi opinión, una de las desigualdades más injustas como usuaria de la bicicleta, justamente por ser el recorrido con las condiciones más agradables.

 

Temperatura óptima, viento fresco, sombra por todos lados, menos carros por doquier, menos máquinas enormes a toda prisa pasándonos por los costados, menos ruido, más espacio: el recorrido nocturno. El favorito de todos y el que más nos alerta a todas.

¿Qué ve una mujer detrás del manubrio una vez que el sol cae? Inseguridad. Menos oportunidades de recibir auxilio. Nadie que escuche un grito de ayuda.

Qué injusto es que, para otros, este horario sea el preferido para salir a pasear dando vueltas sin rumbo fijo, solo disfrutar el recorrido, cuando para las mujeres un recorrido nocturno implica compartir nuestra ubicación en tiempo real, sabiendo aún que eso no va a protegernos.

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¿Qué ve una mujer cuando hay un grupo de siluetas en la oscuridad de la calle por la que tiene que pasar? Incluso una silueta es suficiente. ¿Qué piensa una mujer cuando un automóvil le pasa por un lado y se detiene delante de ella? ¿Qué piensa una mujer cuando le toca pasar por una calle sin iluminación y que atraviesa una, dos, tres o quién sabe cuántas calles más? Nosotras vemos esquinas en penumbras, puntos ciegos, calles desiertas. Todas vemos lo mismo. Y todas le rogamos a nuestras piernas que respondan con mucha fuerza y velocidad en cuánto se lo pidamos.

Las mujeres ciclistas tenemos derecho de movernos en bicicleta sin observar desconfiadas cada esquina que cruzamos y sin estar poniendo atención a quien viene detrás de nosotras o quien nos espera delante. El diseño de las ciudades puede ayudar a cumplir esto, y la sociedad y nuestros gobernantes nos lo deben.

 

¿Y tú, qué ves cuando vas en bicicleta?

 


 

Ytzel TeránAutora: Ytzel Terán. Urbanista egresada de la primera generación en Diseño Urbano y del Paisaje por la Universidad Autónoma de Sinaloa con acentuación en recuperación del espacio público, placemaking y cohesión social.

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